Sunday, 5 January 2014

El Club – Símbolo de nuestra comunidad de Canberra



En un artículo publicado en el Canberra Times el 14 de diciembre pasado Claudio Ciuffetelli, presidente del Club Italo-Australiano de Canberra decía que la manera como han venido funcionando los pequeños clubes en el pasado no es apropiada para la situación actual y si el club (refiriéndose al club italiano) quería sobrevivir tendría que dejar de depender solamente de las ganancias procedentes de las maquinas tragaperras.  “Necesitamos cambiar, porque si no lo hacemos nos marchitaremos y moriremos”  Y continuó “Hemos llegado a un punto donde o nos ajustamos (a las realidades del presente) o perdemos nuestro patrimonio histórico y cultural”

El Club Italiano no es el único club étnico que está atravesando momentos difíciles.  De hecho, la gran mayoría de clubes étnicos están sufriendo situaciones parecidas a la de ese club.  Grandes caídas en el número de socios, regulaciones gubernamentales cada vez más costosas de efectuar, más variedad en lugares de distracción y más competición por parte de otras formas de socializar (por ejemplo, online) resultan en menor recaudación y, al final del día, problemas de financiación.  Los edificios y otras estructuras que un día se construyeron con enormes dosis de entusiasmo, gran voluntariado comunitario y donaciones personales, hoy cuestan muchos dólares para mantenerlas abiertas y ofrecer servicios y amenidades para atraer, no ya al público en general, si no a los propios socios.

Al parecer la trayectoria que suelen seguir la mayoría de clubes étnicos tiene una explicación más o menos científica.  Hace unos días, en conversación con un viejo amigo y prominente miembro de la comunidad, este me dijo que según un experto en la materia, los clubes étnicos, particularmente los pequeños, no suelen sobrevivir más allá de la tercera generación, unos sesenta años.  Esto es debido a que con el paso del tiempo y muy a menudo por razones de trabajo, las comunidades se dispersan y los grupos que la componen pierden contacto entre ellos.  Los descendientes de la comunidad original se integran más profundamente en la sociedad australiana y se apartan de sus comunidades ancestrales que en muchos casos ya no pueden identificar de manera definitiva ya que muchos de ellos son el resultado de familias donde el padre y la madre tienen distintas nacionalidades e inclusive diferentes etnias y donde el inglés se usa como lengua franca en casa.

Nuestro club, el Club Hispano-Australiano de Canberra, que en edad ya esta rondando la tercera generación, también está atravesando momentos difíciles y, como dice el Sr. Ciuffetelli, tendremos que cambiar y reinventarnos o nos marchitaremos y pereceremos. Dado las afinidades y vínculos históricos y socio-culturales que unen nuestras dos comunidades me atrevería a sugerir que sería acertado seguir de cerca el proceso de cambio en el que se prepara a entrar el Club Italiano para beneficiarnos de su experiencia.  No olvidemos que, en cierto modo, el Club Italiano es el hermano mayor del Club Español.  Se fundó unos años antes que el nuestro y, según tengo entendido, en su día, nuestros líderes comunitarios adoptaron muchas de las iniciativas y procesos iniciados por la comunidad italiana durante el periodo fundacional de su club. 

La clave para posibles soluciones a nuestro problema (como lo es también para el club italiano y otros club étnicos) parece ser el poner en marcha un proceso de renovación. “Reinventarnos” y adaptarnos a las necesidades y demandas de la colectividad que nos rodea.
Esto, claro está, requerirá importantes cambios legales y administrativos en el funcionamiento de nuestro club.  Pero, sin entrar en legalismos complicados, creo que lo primero que deberíamos preguntarnos es ¿cuál es la función del club y cuáles son sus cometidos como representante de nuestra comunidad de Canberra?  De las respuestas que demos a estas preguntas y lo que entendamos por ellas dependerá en gran parte el futuro de nuestro club.  Lo importante, a estas alturas, es que, al igual que los italianos, iniciemos un proceso de consulta y participación dentro la comunidad y revitalicemos el interés por nuestra historia, cultura, tradiciones y gastronomia entre la sociedad australiana en la que vivimos.

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